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Testimonios

Estimados Aldo y Olga:
He leído completamente la primera entrega de la Revista DIANAS - y esto es mucho decir ya que tengo represados 5 libros por leer - y me ha parecido ¡Excelente, Concisa y Muy Práctica!

El solo consejo preliminar de Olga respecto a vivir la vida ligeros de equipaje vale oro.
Si... todos ya lo sabíamos... pero ustedes estimulan a poner en práctica esa información.

Actualmente soy una persona relativamente ordenada, clara y que vive feliz pero estoy seguro que los valiosos consejos de la revista me hará más próspero aún.

Que Dios los bendiga y estoy atento para ver como retribuir a su generosidad.
Nicolás Osorio

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Lo importante no es lo que sabes, sino lo que haces con lo que sabes.

Saber y no hacer es lo mismo que no saber. Así de rotundo lo expresa un dicho budista.

O tal vez podría llegar a resultar peor. No aplicar lo que sabemos que es bueno para nosotros es renunciar a todos nuestros sueños y expectativas.

Empleamos gran parte de nuestro tiempo y energía en buscar y aprender nuevas habilidades y técnicas que nos conviertan en personas mejores, Insistimos en obtener un correcto aprendizaje que nos haga crecer y avanzar, mejorar aquellas áreas de nuestras vidas con las que nos sentimos descontentos. Pero existe una importante brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos con todas esas enseñanzas.

Creemos erróneamente que el poder es conocimiento, pero ninguna enseñanza es por sí sola transformadora si no la aplicamos, y aplicamos bien.

Podríamos hacer, por ejemplo, un interesantísimo curso teórico de cocina, recopilar docenas de recetas y técnicas, incluso responder a todas las dudas de aquellos que nos pregunten... pero lo cierto es que no sabremos cocinar. No habremos experimentado el placer de mezclar y jugar con diversas texturas, ni sentido el olor de una infinita gama de especias y sabrosas amalgamas, el color ni la temperatura.

De nada habrá servido si no hemos podido transformar toda esa enseñanza en experiencia con la que poder hacer nuestro el conocimiento. Todo ese tiempo empleado en aprender habrá sido en vano si no saboreamos por nosotros mismos, nos nutrimos y expandimos con nuestra propia experiencia y por ende compartimos y alimentamos con otros desde nuestras vivencias comprobadas.

Atreverse a aplicar lo aprendido, apartando miedos y dudas, postergaciones en busca de mejores momentos, queda sometido a nuestra voluntad y autodisciplina en una primera instancia. Pero más allá de una autoimposición elegida, serán nuestros valores y principios más profundos los que hagan de esa enseñanza el motor necesario para atrevernos, decidir y actuar.

Hoy recordé, como tantas otras veces, a mi madre. Ella aprendió, aplico y continuo enseñando, y hoy de entre sus enseñanzas, una de sus frases vino a saludarme:”... Al fin y al cabo uno sólo puede arrepentirse de aquello que no ha hecho, por que de lo hecho, sólo puede aprender